Manos y pies frios

Bajo determinadas condiciones, la circulación que aporta sangre a los dedos de las manos y los pies, se suele retirar de las extremidades, y entonces las manos y pies se nos ponen fríos, a veces insensibles. Esto se debe, como ya se dijo, a una débil circulación, pero también puede deberse a un clima frío y a una cariñodieta baja en calorías. En casos excepcionales, las manos y pies fríos se deben a problemas relacionados con enfermedades graves. Sin embargo, cuando el clima es, digamos, templado, cuando comemos prácticamente bien y estamos sanos y, aún así, nuestras manos y pies tienden a enfriarse, este pequeño síntoma del cuerpo, casi casi inofensivo, es una pequeña llamada  de atención con la que el cuerpo quiere expresarnos algo.

Las manos y los pies son nuestras antenas “finales”, son el puente de contacto entre todo lo que somos y el mundo de afuera, y son lo primero que se mueve cuando necesitamos o queremos movernos hacía algo, lo primero que hace contacto y lo primero que se retira.

Si las manos o pies se nos enfrían de pronto sin ninguna causa aparente, digamos que es una pequeña “retirada” de nosotros para con el mundo, hay un conflicto entre extender la mano para tocar, acariciar, agarrar o tomar algo, hay un conflicto entre avanzar e ir hacía algo que se nos antoja, y dichos antojos o anhelos de la mano y del pie están siendo frenados por algo. Si sentimos ganas de extender la mano y no lo hacemos, el cuerpo traduce esto como “detener la circulación” y entonces las manos o pies se nos enfrían. 

Por lo general estos pequeños conflictos para extender la mano y el pie hacía algo tienen que ver con el temor a la desaprobación, al rechazo y a la desconfianza en lo que sentimos.  Puede ser que estemos condicionados por cosas como “se mira y no se toca” “eso no es para ti”, o “no lo mereces”, etc. Si alguna vez detectas que tus manos y pies están fríos sin causa aparente, observa lo que sucede dentro de ti, detecta que creencia esta interfiriendo entre tu sentir y tu forma de actuar, y si tienes algún sentimiento de desmerecimiento con reconocerlo basta. No dejes que tus pies se priven de andar aventurándose por la vida, que no se guarden de llevarte a donde quieres. Y que tus manos no se hagan para atrás cuando se trate de explorar la vida. 
 

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